Sueño de Sukubis

Entre penumbras me acerco a tu cama,

te encuentro desnudo, me echo a tu lado.

Paso la mano cálida por tu cuerpo.

Tu pecho, apenas velludo, tus tetillas en punta, tu vientre y bajo hacia tu sexo.

Acaricio lo que abarca mi brazo, mientras tú duermes aun.

Profundo y placentero deleite de mi cuerpo,

de mi piel ardiente a tu lado.

Tan placentero que no logra despertarte.

Te giras hacia mí y sin abrir los ojos,

me cierras entre tus brazos,

recorres mi espalda de la nuca a la cadera,

haciendo arabescos en lo bajo de mi columna,

extendiendo con la otra mi pierna sobre tu muslo,

sintiendo mi sexo ardiente contra tu piel.

Tu tacto me desata, como si fuera agua,

como agua me evaporas, en vapores descontrolados.

Desatas, descontrolas, haces hervir, evaporas.

Como estallido de chispas de fuego contra fuego

me disuelves, me bebes.

Sorbiendo de mi fuente los placeres de mi sexo.

Hundiéndote en mi cuello sin pronunciar mi nombre.

Me pulverizo en tu piel cual sudor ligero,

una humedad apenas aparente…

soy agua en tu piel otrora ardiente,

otrora cuerpo entre tus dedos.

¿Tienen sonido los sueños?

Me duermo, perdida entre tus brazos,

como la fina tela de tu almohada,

como una lagrima que languidece en la mejilla,

así me pierdo, en un momento fui un sueño,

ahora inerte en mi cama,

-cálida la piel, suave el tacto-

me despierto, deseándote a mi lado.