Lo que trajo la tormenta

http://pan1.etsy.com/il_fullxfull.30439665.jpg

Acunadas en casa, las cuatro gatas, mirabamos calientitas caer los inmaculados copos de nieve en el exterior. Afuera el frío raja la garganta y congela las mejillas. La nieve se acumula y no se distingue la calle de la acera. ¡Qué bueno es estar en casa! De pronto el teléfono suena, un pedido urgente, dos gatitas en apuros esperan a mamá en la escuela. Salto de la cama y de inmediato me visto, apenas cuelgo, ya estoy cruzando la calle y corro por la acera, hundiendo mis pasos en la nieve.

Respiro congelada, helando mis pulmones en cada inhalación. No descanso hasta entrar a la escuela y recibir las sonrisas amigables de un par de pequeñas en apuros. Sintiendo que las he rescatado, se sorprenden de la hora, las tranquilizo y las abrigo para traerlas a casa, mientras llega su mamá. Mis hijas las reciben contentas y en medio de sonrisas y saludos de alegría se apoderan de la casa y yo vuelvo al espacio vacio que has dejado, a calentarte los pies en la distancia y a contarte mi aventura al oído.

Sabrás a caso, que te extraño, me pregunto cómo es que se extraña una parte de uno mismo. Mientras extraño los pops de tus mensajes, y escribo estas líneas escuchando estallidos de cotufas imaginarios, venidos de ninguna parte.

Y me estrangulo las historias del día, que se quedan mudas frente a tu presencia intangible y tu mirada ciega. Se han empañado los espejos.
Y me duele en el pecho tu corazón ausente y me recrimina doliente si era necesario sumarnos distancia y sumarnos silencio, desconozco la respuestas. Sólo sé que te extraño…
Afuera, continuan los copos de nieve llenando las huellas sobre la acera, igual de fríos mis pies desean calentarse con los tuyos.