
Bailando Salsa
Mi Nana va a primer grado, llena de temores porque no sabe leer, apenas sabe las letras y una que otra sílaba. Además ha pasado en veranillo en casa con la abuela, hablando español y aprendiendo poemas de gallinitas titiriblancas, que ponen pollitos titirilindos.
Nana no quiere comer, no quiere reir, no quiere ir a la escuela, por no perderse de estar con su abuela. Sabe que partirá y saberlo la descoloca y no sabe disfrutar de otra cosa, que no sea la torta de la abuela, su gelatina, sus caricias, y los peinados de trencitas que la obligan a estar por horas en su regazo. Ay, mi gata chiquita.
La maestra, me pregunta, por qué es timida mi Nana, porque luce tan tristilla, porque no juega en el patio y le confieso sincera que está triste por su abuela, que se ha ido a Venezuela.
La maestra se la ingenia y comienza a preguntar, que significa Adriana, esta palabra en español, es una canción de salsa, que ella no sabe descifrar. Y mi pequeña se siente que tiene un don especial, y se ofrece traductora, de las canciones que otrora, habrá bailado mamá.
De pronto el ánimo cambia, la escuela adquiere color, las notas se van danzando por el pasillo anterior. En el salón de su clase, si todos se portan bien, la música melodiosa se disponen a poner, la melodía envolvente, pronto los hace latir, y únidos ya sin fronteras, chinos, árabes, polacos, quebecos y musulmanes, bailan al ritmo de salsa, de Celia y Tito Puente, con desmedido placer.
¡Qué maestra tan listilla, ha sabido comprender, que la chiquita no es tímida, si uno la enseña a aprender! Hoy bailando con Lavoe, Mark Anthony, con el Conde, mi chiquilla hace gala de su raíz y su porte. Se da cuenta de lo que vale, en un país extranjero, tener raices profundas que nos hacen diferentes. Bendita sea su maestra que ha sabido transformar una debilidad en fortaleza y el diamante brillo dar.


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