
Estamos en el país de nunca jamás, el viento nos elevó por los cielos, justo antes de que los árboles chocaran contra las ventanas…
¿Qué parte de la historia es cierta?
Un árbol, arrancado de sus raíces, chocó contra la ventana de nuestro cuarto, no hay daños, el viento es muy fuerte y el árbol estaba seco, por fortuna no era muy grande. Sólo el susto.
Cocó –la gata-, salió despavorida, aun no da señales, impedida de maullar, se erizó y se metió debajo de alguna parte, Daniela y Adriana corrieron a la ventana, para evaluar los daños y maravillarse. Adriana esbozó un análisis: “Santa Claus lo tiró porque no tenía hojas y no servía de árbol de navidad. Realmente está muy feo”, opinó. Daniela, dijo menos mal, podemos seguir durmiendo calientitas.
El viento, sopla y sopla, haciendo remolinos de hojas, las nubes se aglomeran, no dejan ver al sol, que muy perezoso, estira uno de sus rayos y se da la vuelta, cubriéndose el rabo. Las nubes se ríen, comentando entre ellas, ha ganado el viento, ha ganado el viento, y apoyando al viento se meten a llover. El viento sopla y sopla, silbando entre los árboles, en los vacíos troncos, contra las valientes hojas, que aun se aferran, a las ramas. Cocó escucha el viento y gruñe molesta, como quejándose del susto que la ha hecho pasar. Juntitas, calientitas, tomando chocolate, estamos muy tranquilas. Nada como el hogar.
Nana, mirando la ventana, curiosa me pregunta: ¿es ese el vent du nort?
– Oui, ma belle. Le respondo.
- Por eso, continua la niña, Gilda y sus taches, se esconden en la caverna. Por si el viento sopla, ellas no se vuelen. Y río de su gracia, mientras leemos su cuento, donde Gilda la jirafa, busca sus manchas, llevadas por los aires, por el viento del norte.
Daniela se acurruca y descubre encantada la gata que, de un brinco, no quiere quedar fuera, de la cama, de la historia, de la vida de las hembras, que, lejos del viento frío se hacen compañía. Reclama sus cariños, reclama sus halagos y toma su lugar en medio de nosotras.
Fábula de un día, ventoso y otoñal, que animaría a Disney a todo dibujar; dibujar las hojitas danzar en el viento y al viento con cachetes inflados y rojizos, soplando sin parar. La temperatura baja en un termómetro con abrigo, la gata acurrucada, los ángeles tranquilos en el regazo de mamá. Y una jirafa coqueta, comiendo sandias, feliz de encontrar a sus manchas amigas.
Y claro, tendriamos que dejar descansar, al hombre de hojalata, al espantapajaros, a Dorothy y el león y a Toto cambiarlo en Coco… porque esa, esa es otra historia .



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